
Uno de los más comunes argumentos a favor de la gestión municipal es la generación de plazas de trabajo para la ciudadanía. Este argumento visto como tal es innegablemente cierto. Sin embargo no es menos cierta la desdichada calidad del empleo generado y propiciado por el actual régimen municipal (terciarizados, sin beneficios sociales, en general, explotados).
Este estilo de generación de empleo parece acrecentar las filas del proletariado, volviendo a posturas superadas. Y digo superadas pues, es claro que la distinción social que separa a las clases ha sido vencida en el primer mundo. La esencia de la lucha de clases una vez más, toma forma y de nada menos que de la mano de la derecha conservadora repitiendo incesantemente procesos históricos ya estudiados.
Con la introducción de la sociedad unidimensional, descrita por Marcuse, las clases obreras debieron haber sido ya asimiladas desde la cima social, dentro de las “bondades” del capitalismo salvaje, pero se insiste repetir errores.
La creación de estas plazas de trabajo podría ser positivo tanto y en cuanto, se combine con un grupo de medidas sociales por bloque como educación cívica y moral, educación y salud. Aclaro que sería positivo pues, se estaría ante la clara realidad de que se está “marchando” (no por revanchas políticas, y no a base de amenazas desde el poder de dejar un pedazo de tierra olvidado 8 años más) de una manera organizada y/o uniforme hacia la integración de todos los sectores de la comunidad en dirección a un modelo determinado, con sus falencias y sus bondades pero en fin, un modelo determinado y ordenado. Que en todo caso reflejaría una postura en sí, respetable, aunque no compartida.
Sin embargo la visión mercantilista y neo-feudalista del municipio de Guayaquil (léase municipalidad), no parece apuntar hacia el objetivo anotado. No es sino el intento de implantación de una sociedad represiva donde “hasta el confort, la prosperidad, y la pretendida libertad política y moral son empleadas para fines opresivos”.
El accionar constante por parte de la municipalidad y las llamadas “mafias de siempre”, para coartar todo espacio político nuevo dentro de la ciudad, demuestra la intención ridículamente obvia de auto perpetuarse en la dirección social cristiana dentro del municipio, y no solo en la municipalidad.

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