Dentro de las múltiples controversias suscitadas dentro de la actual contienda política que vive el Ecuador. Hay temas que merecen un desarrollado estudio técnico de la realidad nacional.
Un tema como las preasignaciones, que para efectos de este artículo nos dedicaremos a estudiar, tiene dos críticas reales e irrebatibles:
1) Las llamadas Donaciones a organismos seccionales o universidades, expresan la capacidad de los contribuyentes de elegir a donde va parte del impuesto que se adeuda al Estado. Visto hasta ahí, no habría problema alguno, Sin embargo... El impuesto causado a raíz de las rentas generadas por una persona natural, no le pertenece a esa persona. Le pertenece al acreedor de dicha deuda. ¡Que increíble sería poder disponer de dinero que no nos pertenece!, pero ateniéndonos a la realidad sabemos que esto no es mas que un error conceptual en cuanto a la utilización de los recursos de los contribuyentes.
2) También, genera innegablemente desigualdad. Mientras que el municipio de Guayaquil recibe descomunales cantidades de dinero, hay municipios más pequeños que reciben entre $4000 y $8000 por valor de preasignaciones. Me permito aclarar que no soy un enemigo de la libre competencia, pero no puede haber competencia, así como no la hay en el Ecuador, en un sistema que tan abiertamente consagre la desigualdad.
3) Y por último, lo definitivamente más perjudicial de este mencionado método, es que se le da a Guayaquil, la capital económica del país, la capacidad para usar una significativa parte de los recursos que genera en sí misma, lo que no se escucha tan mal, sin saber su más directa consecuencia. Esta es que, esta capacidad para desviar dinero del Prepuesto General del Estado reduce su monto en gran manera, reduciendo así las asignaciones del 15% obligatorio para todos los gobiernos seccionales del país.
Comprobado de esta manera: no tiene ninguna lógica, ni jurídica ni conceptual, genera desigualdad entre pueblos hermanos, y reparte pobreza.
Ni siquiera se puede decir que estas preasignaciones han servido a los que realmente las han necesitado. Los hemos visto estos días en los noticieros.
Es una pena que haya tenido que caerse toda Guayaquil pobre a punta de lluvias, para que finalmente podamos ver las negligencias en las que esta administración municipal incurre.
Sin embargo se quiere hacer de estas preasignaciones se asocien con la bandera de Guayaquil, cayendo una vez más en la vil y oscura manipulación ya tratada, que nos obliga, como guayaquileños a ver al resto del país, como un peso que tenemos que cargar, en vez de cómo lo que realmente somos todos. Una nación que quiere salir adelante en igualdad.
viernes, 8 de febrero de 2008
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